¿Cómo cambiar la gestión de los recursos de un territorio insular frágil y pequeño en tiempos de cambio climático antropogénico, en un contexto mundial cada vez más conflictivo y de agotamiento de materias primas? Esta es la cuestión a tener en cuenta en la isla, que no tiene masificación turística y que debería no cometer los errores de otras zonas, y aprovechar la oportunidad que tiene ahora para impulsar, mirando al futuro, otro modelo desde su identidad insular y en equilibrio con los demás sectores económicos.
Ya nos encontrábamos en una crisis ecológica global y el cambio climático como su expresión más contundente, cuando en los últimos años, y en especial a partir de 2020 con la pandemia de la covid-19, se han ido concatenando varias crisis energéticas (2022 y 2026), causadas por sendas guerras en Ucrania y Oriente Medio, que el petróleo se ha encargado de globalizar, con sus negativas consecuencias por la dependencia que todos los sectores económicos tienen de este combustible y, con mayor repercusión en las islas, donde la dependencia del petróleo es aún mayor. En La Palma se complicó aún más este panorama global con la erupción volcánica de 2021.
Después de la crisis del petróleo de 1973, donde el precio del barril se multiplicó por cuatro (guerra del Yom Kippur), nos encontramos en el escenario global de la mayor crisis energética que hemos tenido, un contexto cada vez más complejo que no se puede olvidar a la hora de abordar la planificación en una isla de un sector tan sensible y dependiente del exterior como el turístico que, lamentablemente, no se está teniendo en cuenta desde el Cabildo y, mucho más grave aún, cuando a este sector se le quiere dar el máximo protagonismo económico para el futuro de la isla.
A partir de esta introducción, queremos explicar por qué hablamos de una descontextualización de la planificación del sector turístico en la isla y de un protagonismo de la inercia desarrollista del pasado, que no augura buenos resultados para la estabilidad económica insular.
Los elementos del contexto, tanto local como global, que vamos a valorar en relación con la propuesta del Cabildo de La Palma son: el fracaso de infraestructuras turísticas anteriores, la Ley de las Islas Verdes (2019), que viene de la reforma de la ley de 2002; la emergencia climática (2020); la crisis sanitaria de la pandemia de la covid-19 (2020); la recuperación de la crisis volcánica del Tajogaite (2021); el Pacto del Turismo de La Palma (2023); las crisis energéticas de 2022 y 2026; y la esperanza de la recuperación del sector primario a través del éxito del turismo insular.
I. Fracaso de las infraestructuras turísticas.
Las infraestructuras por sí solas, sin que formen parte de un modelo de isla previamente establecido, no cambian nada; más bien perpetúan lo que había cuando no constituyen auténticos fracasos y despilfarro de recursos públicos. Es una constante en La Palma y en el resto de Canarias. Veamos algunas de ellas en la isla:
-Centro de interpretación del mundo rural. Ocupa unos 500.000 m² en el entorno de La Laguna de Barlovento, cuyas obras se iniciaron hace unos 20 años, no llegaron a terminarse, con unos 6 millones de euros de inversión, y actualmente vandalizado por su situación de abandono.

Las cinco dependencias del centro y su ubicación en el entorno de La Laguna de Barlovento. CEDIDA
-Puerto de Tazacorte, inaugurado hace 24 años, con una inversión en dos fases de 90 millones de euros y una circunvalación del casco de Tazacorte de 16,5 millones de euros, más el coste de expropiación de uno de los mejores suelos agrícolas para facilitar el tránsito de pasajeros y mercancías de un puerto que nunca ha funcionado y con una propuesta abierta de acondicionamiento para cruceros.
-Los expedientes de los campos de golf de La Pavona, en Breña Alta, y otro en Fuencaliente vienen tramitándose desde hace más de 30 años. El primero de ellos, declarado recientemente, de acuerdo con la Ley de las Islas Verdes, infraestructura de interés insular.
Una muestra de despilfarro multimillonario que pone en evidencia lo que ocurre cuando no se ha debatido previamente el modelo de isla que queremos para el futuro. ¿Qué se ha dicho desde el Cabildo al respecto por el actual grupo de gobierno insular? Que se ayudará a todo aquel que venga a recuperar y sacar del abandono dichas infraestructuras.
II. Ley de las Islas Verdes.
Una normativa cuyo objetivo es el de permitir un modelo turístico alternativo al de la urbanización turística de litoral. Iniciativa legislativa para impulsar el desarrollo del sector turístico en las tres islas menores, con la finalidad de dar cobertura jurídica a una ordenación territorial que permitiese las actividades turísticas en suelo rústico y de protección agrícola y paisajística, por ejemplo, con las declaraciones de infraestructuras de interés insular. Así que de verde, poco. Un riesgo para la agricultura que ya hace algún tiempo que la gobernanza ha renunciado a resolver sus problemas estructurales, mientras continúa con las subvenciones que ayudan, pero no resuelven, prolongando la agonía de un sector en el que cada vez se abandona y se destruye más suelo agrícola. El objetivo de esta normativa ha sido poner la ordenación territorial en las tres islas menores al servicio de un modelo turístico para el negocio particular de unos pocos y las migajas para el resto, como está pasando con este sector en las otras islas, donde el 20 de abril de 2024 tuvo lugar una de las mayores movilizaciones ciudadanas reivindicando un cambio de modelo porque Canarias tiene un límite. Una apuesta por un modelo turístico que respete el territorio y un reparto más equitativo de la riqueza que genera. No es turismofobia, es otro modelo.

Imagen de la manifestación del 20A en Santa Cruz de Tenerife. CEDIDA.
III. La emergencia climática.
Esta circunstancia pertenece a las del vínculo por omisión, en el sentido de que La Palma está declarada en emergencia climática desde el 20 de febrero de 2020 y, hasta la fecha, no se ha desarrollado ningún plan, ni se le espera, de adaptación al cambio climático; un claro ejemplo de retardismo que tiene las mismas consecuencias que los posicionamientos negacionistas, que hacemos extensivo al Gobierno canario porque todavía no ha definido las tareas de la Oficina de Acción Climática, en un proceso interminable de reforma de la Ley 7/2022 de Cambio Climático y Transición Energética de Canarias (que el PP votó en contra en diciembre de 2022 y que ahora, al frente de la Consejería de Transición Ecológica y Energía, está reformando), ley de la que dependen los planes insulares correspondientes para las medidas de adaptación y mitigación del cambio climático. En este sentido, no es ninguna casualidad que en las seis páginas del texto del Pacto por el Turismo (2023) no aparezca ninguna referencia al cambio climático. Por lo tanto, hablamos de descontextualización de la propuesta del Cabildo para el turismo al no tener en cuenta la emergencia climática de la isla.
IV. Crisis sanitaria de la covid-19.
Las grandes crisis sanitarias, ecológicas, económicas y energéticas son manifestaciones de la evolución de los sistemas complejos y suelen concentrar la atención de los gobiernos para atender la protección de la vida de las personas y los servicios esenciales, pero no se aprovechan las oportunidades que encontramos en estas situaciones límite para reflexionar sobre sus causas, que se hacen visibles en estas circunstancias, y planificar los cambios que corresponden para corregir y fortalecer las debilidades de los sistemas de convivencia. En este sentido, tenemos que señalar que no hemos aprendido nada de la pandemia de la covid-19 (2020), que, con carácter general, nos vino a decir que las prioridades son otras: el valor de los servicios esenciales, de lo que está cerca, lo próximo y, especialmente, el valor de lo público, que fue lo que realmente nos salvó. Si la alimentación es un servicio esencial y, con la crisis sanitaria, descubrimos el valor de lo que está cerca, ¿por qué la soberanía alimentaria no es una prioridad esencial y sí lo es el turismo para las administraciones locales de la isla? Por lo tanto, las crisis tienen también una relación circunstancial de omisión con respecto a la propuesta que la gobernanza insular está impulsando con su modelo turístico.
V. La recuperación de la crisis volcánica del Tajogaite.
La crisis volcánica del Tajogaite, de la que ya hemos tenido tres erupciones en un margen de unos 70 años, fue una oportunidad perdida para cuestionar nuestra relación con el entorno y aprovechar el plan de recuperación social y económico para haber diseñado una nueva cultura del territorio, orientada a otro modelo de isla que responda a los retos globales actuales a través de un desarrollo endógeno y sostenible. En su lugar, lo que se ha hecho es más de lo mismo: aprovechar las circunstancias especiales del plan de recuperación de la crisis volcánica para actualizar infraestructuras abandonadas desde hace décadas y presentarlas como imprescindibles para el futuro económico insular dentro de su modelo turístico. Con más de lo mismo no hay cambios.
En el marco de una reflexión sobre sostenibilidad para La Palma tras la crisis volcánica, se celebró en Los Llanos de Aridane en el verano de 2023 un seminario internacional de posgrado coordinado por Michael Ben Eli, director del Observatorio de Sostenibilidad de Nueva York, con la colaboración de las dos universidades públicas canarias (Cátedra de Turismo de la ULL). El resultado fue el estudio La Palma Posible. Creando un futuro sostenible para la isla, donde se proponía otro modelo para el desarrollo del turismo en la isla, consciente del fracaso del modelo convencional de la masificación turística: un modelo regenerativo para las economías locales y no para el negocio de unos pocos. Michael, en el acto de clausura del seminario y viendo el potencial de la isla, hizo el siguiente ruego: “por favor, no conviertan a la isla en algo de lo que todo el mundo está huyendo”. A pesar de que se conocen propuestas documentadas de entidades de reconocida solvencia que cuestionan este modelo, ya fracasado en otras zonas de las islas, se sigue adelante como si se tratara únicamente de defender el negocio particular de los inversores.
VI. El Pacto del Turismo de La Palma.
Es una iniciativa del CIT de La Palma y de los sectores económicos que le acompañan, que suscriben las tres principales formaciones políticas en abril de 2023, a las puertas de las elecciones generales y municipales de mayo de 2023, y que se convierte en un acuerdo institucional en el Cabildo. El texto de este acuerdo pretende ser el ideario de su proyecto de turismo para el futuro de la isla —o, mejor dicho, una apariencia de ideario—, porque hay una total incongruencia entre el contenido de lo que se acuerda y lo que se está haciendo en realidad. Por ejemplo, en el texto del pacto se dice: “es un modelo alejado del turismo de masas”, y su primer objetivo es: “consolidar el sector turístico como la actividad económica estratégica para el desarrollo sostenible de La Palma y su recuperación socioeconómica”. Además, una de sus dos líneas estratégicas es la Sostenibilidad Turística Integral, que se describe así:
“La base para el desarrollo sostenible de la actividad turística de La Palma se encuentra en el entendimiento e implementación de la sostenibilidad en un sentido integral, teniendo en cuenta no sólo los aspectos ambientales, económicos y sociales, sino otras dimensiones y procesos (culturales, institucionales, territoriales, tecnológicos, participativos, etc.), sin los cuales no podría ser realmente sostenible.”
La propuesta de ordenación territorial del Cabildo para el desarrollo turístico de la costa de Los Llanos de Aridane, a través del Instrumento de Planificación Singular Turística (IPST), no se caracteriza, precisamente, por su sostenibilidad. ¿Llamamos turismo sostenible a la construcción de hoteles en suelo agrícola?

Zona de la costa de Los Llanos de Aridane afectada por el IPST. Imagen difundida por el Cabildo. CEDIDA
Pero el principal problema que tiene el pacto es su inviabilidad, porque el término “sostenible”, que se repite unas diez veces en el texto de dicho acuerdo como característica de su modelo turístico que pretenden impulsar, no se puede desarrollar de forma aislada, como una burbuja, en un mismo espacio geográfico, conviviendo con la gestión insostenible de otros recursos estratégicos como el suelo agrícola, el agua y la energía. ¿Es turismo sostenible la construcción de hoteles en suelo agrícola cuando estamos importando un 80% de lo que comemos, con la huella de carbono que tiene el transporte? En este sentido, Michael Ben Eli decía: “…La Palma puede, y debe, ir mucho más allá del discurso de boquilla sobre el desarrollo sostenible y comprometerse a establecer el concepto de sostenibilidad, sin demagogias, como principio organizador de la isla.”
VII. Las crisis energéticas.
En la isla ya tenemos una grave dependencia energética y agroalimentaria del exterior, y el sector turístico, que se quiere convertir en el motor de la economía insular, es muy sensible a los conflictos internacionales en los que, casi siempre, está el petróleo por medio, lo que deriva en crisis energéticas como la que nos encontramos en estos momentos con la invasión de Irán, y en 2022 tuvimos la provocada por la invasión de Ucrania, cuyas consecuencias inmediatas son poner patas arriba la economía, encareciendo todo con repercusión en los desplazamientos vacacionales. Ya tuvimos un cero turístico en 2020 con la pandemia de la covid-19 y, sin olvidarnos, de que, en los últimos años, con las olas de calor, hemos perdido el confort térmico (lo de Canarias eterna primavera), lo que está desplazando los destinos turísticos hacia el norte de Europa. Por lo tanto, con este panorama, ¿cómo podemos pensar que el futuro de La Palma está en el turismo? Me parece temerario que unos responsables, como gestores públicos y, por lo tanto, defensores del interés general, hagan una planificación sectorial tan poco responsable al no tener en cuenta un contexto internacional muy poco propicio para la estabilidad económica y que hipoteca y destruye el territorio y sus escasos recursos.
VIII. El turismo como dinamizador del sector primario.
Ese es uno de los objetivos de la Ley 14/2019 de las Islas Verdes: el desarrollo del turismo junto al sector primario. Mientras los problemas que tiene el sector primario se van abordando con subvenciones puntuales que ayudan, pero no resuelven, se piensa que el desarrollo del turismo anime la actividad agrícola, vinculando el futuro del sector primario a lo que suceda con el turismo. Vaya futuro el que le espera a la agricultura con la autorización de actividades turísticas y hoteles en suelo rústico. Este no es el camino para solucionar los problemas del sector: la agricultura tiene entidad suficiente como para no ser la muleta de ningún otro sector económico. Tenemos una cadena alimentaria que comienza a muchos miles de kilómetros, con una huella de carbono insoportable; por lo tanto, la prioridad es la soberanía alimentaria, y su planificación tiene que hacerse para abordar el grave problema que tenemos con un sistema agroalimentario roto, por una dependencia del exterior del 80% y la mitad del suelo agrícola cultivable abandonado. ¿Cómo podemos estar tranquilos con este panorama y apostando por el sector turístico como el motor de la economía insular?
Reflexión final.
Estamos importando papas de Egipto, boniatos de California o Portugal, kiwis de Nueva Zelanda… El sistema energético insular depende en más de un 90% del petróleo; tenemos el mayor atraso de Canarias en energías renovables; la mitad del suelo agrícola insular está abandonado, y lo que se declara de interés insular (no es la soberanía alimentaria o energética) son los campos de golf y hoteles que se construirán sobre plataneras, y a eso lo llaman turismo sostenible y eje vertebrador del futuro económico de la isla. Vaya panorama.
Leave a reply
You must be logged in to post a comment.