Octavio Manuel Fernández Hernández, natural de Los Llanos de Aridane, durante la final del Mundial. CEDIDA
En el Estadio MetLife de New Jersey, con el skyline de Nueva York al fondo, disfrutamos de la final del Mundial, donde solo un equipo jugó al fútbol. Solo España quiso la pelota y Argentina jugó para llegar a los penaltis buscando otro milagro.
La ciudad universal que nunca duerme disfrutó de un equipo de ensueño que se coronó como la mejor selección del siglo XXI, con dos Mundiales (2010 y 2026) y tres Eurocopas (2008, 2012 y 2026). Esta selección, entrenada por De la Fuente, es un equipo coral, sin estrellas individuales, como el de Aragonés-Del Bosque (2008-2012).
Durante el partido se sucedían una y otra vez jugadas y oportunidades de España frente a la defensa numantina de los argentinos, con el Dibu como héroe de la final. Los cambios dieron más verticalidad a España, siendo Williams, que tuvo una actuación estelar, desatado en la banda e imparable para los argentinos, pero el gol no llegaba y nos fuimos a la prórroga. Solo Argentina ganaba a España en la grada, con un 80-20.
La dureza de los argentinos se hizo y fue clave la expulsión de Enzo después de una entrada salvaje contra Cubarsí. Recordaba esta Argentina a la de Italia 90, que buscaba los penaltis como una salvación frente al abrumador juego de pases de la España coral.

España se adjudicó el pasado domingo su segundo Mundial tras derrotar en la final a Argentina por un gol a cero. CEDIDA
Hasta que llegó el minuto 106. El primer minuto de la segunda parte de la prórroga. Centro de Porro y Nico evita que la pelota salga cabeceando hacia atrás y la pelota queda muerta en el área, franca para Ferrán Torres, el delantero siempre discutido en el Barça y en la selección, que rompe la pelota en un tiro con la zurda, seco y alto, que se cuela dentro de la red y Ferrán corre desesperadamente a celebrarlo hacia el córner, dando una patada de rabia al palo del córner para decir: Aquí estoy yo y ya soy leyenda, como Iniesta en Sudáfrica o como su homónimo Torres en Viena. Todavía tuvo tiempo Ferrán, de España, de marcar otro que fue anulado, como también a Nico se le había anulado otro anteriormente.
Argentina solo jugó 14 minutos, cuando intentó empatar, pero su inferioridad era manifiesta y Messi ya solo era capaz de caminar. El árbitro pitó el final y ahí empezó el juego argentino: el boxeo, con la tangana, con Molina y Paredes como macarras agrediendo a españoles.
Trump e Infantino entregaron la Copa del Mundo a Rodri, que coronó a España como el rey del fútbol, que derrotó a Cristiano, Mbappé y Messi. Moraleja: el fútbol es un deporte de equipo.
Octavio Manuel Fernández Hernández es secretario del Ayuntamiento de Candelaria y autor del libro Los partidos de fútbol de nuestra vida (1983-2017).


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