En Borondonia, por cierto, nos gusta el deporte, pero hay que distinguir entre el deporte y el deporte profesional, mucho más un espectáculo que un deporte. Así que los deportistas profesionales están considerados como los actores, los músicos y todos los que participan de alguna manera en estos mundos, y encuadrados en el sector del espectáculo, en su gran mayoría gestionado por privados.
El Ministerio del Deporte solo sigue y gestiona el deporte no profesional, el verdadero deporte.
Entre nosotros, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: el privado es privado y el público es público. Esto no significa que el privado no tenga que obedecer la Ley. Al contrario, el poder público está muy atento a que la Ley sea obedecida por todos y cada uno, sea cual sea.
La Ley, en Borondonia, prohíbe taxativamente cualquier tipo de explotación y de comercio de seres humanos. Por lo tanto, no hay derechos de inscripción de jugadores ni mercado de fichajes. Un futbolista, como cualquier otro deportista profesional, negocia directamente con el equipo deportivo y viceversa, y los clubes no tienen ninguna posibilidad de negociar entre sí la “compraventa” de un ser humano.


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