Isla Feliz (V). TurisNo

Bienvenido sea el que viaja hasta aquí: nos gusta el viajero.

Bienvenido sea el que nos visita: nos gusta el visitante y, más aún, si es visitador.

Por el contrario, no nos gustan los turistas, y menos aún los que turistean, que, por placer, visitan masivamente varios lugares en poco tiempo. El aparente milagro económico que aportan lleva dentro una catástrofe ecológica y humana: nadie asume los costes reales del turismo. El trabajo que aporta a los vecinos son puestos de camareros, kellys o niñeras; externaliza el beneficio y agota el territorio y a los vecinos, y trae más problemas que beneficios.

El derecho a nuestro propio sitio no es turismofobia, es sabiduría. Así que, cuando un extranjero llega a Borondonia, tiene que comunicar dónde se hospeda (con amigos, con familiares o en uno de los preciosos hoteles gestionados por el mismo dueño, típicos de aquí) y por cuánto tiempo.

Por cierto, no está “prohibido” el ingreso del turista, pero hay unas cuantas medidas que lo desaconsejan. Nada de viviendas vacacionales, nada de caravanas ni roulottes, nada de campamentos libres, nada de hospedajes sin ton ni son, nada de mascotas.

Y así sea.

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