El profesor Jesús Pérez Morera durante la presentación del libro La Calle Real de Los Llanos de Aridane. Vida y Sociedad. Siglos XVI-XX. EL PERIÓDICO DE LA PALMA
El profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, Jesús Pérez Morera, alertó este viernes, durante la presentación de su libro La Calle Real de Los Llanos de Aridane. Vida y Sociedad. Siglos XVI-XX, que el centro histórico de la localidad “está en peligro de desaparecer” si no se actúa pronto.
En su intervención, Pérez Morera destacó que el patrimonio histórico “es el que distingue, da personalidad y hace diferente a Los Llanos de Aridane de cualquier otro lugar”, ya que, sin él, “sería otra monótona e impersonal ciudad más, sin nada propio que ofrecer al visitante”.
Para el profesor de la Universidad de La Laguna, este patrimonio supone “una fuente de riqueza, un poderoso aliado de la actividad comercial y la mejor imagen que se puede brindar al turismo del que pretendemos vivir” en un municipio que, “a día de hoy, no cuenta con ningún bien de interés cultural declarado”.
Así, advirtió de que “con la normativa vigente, y si no se actúa pronto, el centro histórico de la ciudad está en peligro de desaparecer”, ya que, según señaló el planeamiento, “permite actuar de forma muy lesiva para la conservación de su patrimonio edificado”.
la ciudadanía debe preguntarse cuál es el tipo de ciudad que quiere para el futuro y si realmente desea conservar este legado.
Pérez Morera puso ejemplos de importantes modificaciones en viviendas de la Calle Real, con volúmenes en altura tras la fachada que han “degradado irreversiblemente la imagen” de la vía y que, en sus palabras, han convertido a algunas de estas edificaciones históricas en “la nada más absoluta” o en un “inexpresivo telón de cartón-piedra”.
Además, subrayó “la desaparición silenciosa de las carpinterías originales de madera”, que, en muchos casos, han sido sustituidas “por huecos enteramente acristalados” o lo que definió, como “impersonales y antiestéticos paramentos de aluminio”.
Una desaparición que afecta también a las ventanas de celosía, de las cuales recalcó que constituyen “una auténtica reliquia arquitectónica y cultural que no ha perdurado en ningún otro centro del mundo hispánico” y que son “eliminadas sistemáticamente por la desidia, el confort, las nuevas modas o por un malentendido y desalmado aprovechamiento comercial”.
Para el investigador palmero, “la ciudadanía debe preguntarse cuál es el tipo de ciudad que quiere para el futuro y si realmente desea conservar este legado, o lo que queda de él, y transmitirlo a las generaciones venideras”.
En su opinión, “si no se le pone remedio, el casco histórico quedará abocado a una sucesión de lunas de cristal y marcos vacíos o a unas nostálgicas imágenes fotográficas para el recuerdo, con las que decorar las paredes de bares y restaurantes”.

Portada del libro.
LA CALLE REAL DE LOS LLANOS DE ARIDANE. VIDA Y SOCIEDAD. SIGLOS XVI-XX
El Espacio Cultural Real 21, una antigua casa “fabricada a principios del siglo XVIII por el alférez Sebastián de Acosta”, como recordó Jesús Pérez, fue el lugar escogido para la presentación del cuarto libro de la Colección Ciudad de ensueño, en la que, junto al autor, intervinieron la concejala de Cultura, Marlene González, y la cronista oficial del municipio, María Victoria Hernández.
Se trata de una obra de 414 páginas y 206 fotografías, editada por el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, y que supone el fruto de ocho años de trabajo de este profesor universitario, que pretende, con este trabajo, “contribuir a llenar el vacío” que constituye la historia del municipio “con anterioridad al siglo XIX”.
Jesús Pérez Morera ha intentado “confeccionar un gigantesco puzle o rompecabezas” para reconstruir la historia “de cada una de las casas que conforman las calles y plazas principales del centro histórico” de Los Llanos de Aridane. Un puzle en el que ha prestado atención a “las formas de vida de nuestros antepasados” y también a su “cultura material”.
“Calle principal de la población, la calle Real, ha sido alma, testigo y protagonista de Los Llanos de Aridane, reflejo de su sentir y su ritmo de vida”, afirmó, destacando que “a diferencia de otros centros urbanos”, en sus casas habitaban las “clases más acomodadas del lugar”, pero también “mayordomos, factores, arrendatarios, oficiales y trabajadores de los ingenios de azúcar”, así como “madres solteras, pobres de solemnidad, e incluso esclavas libertas”, a lo largo de los siglos.

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