Clavijo, Dávila, el Atlético Paso y el Club Deportivo Tenerife

En su peor semana, en la que pasó de presidente autonómico a desatinado abogado defensor del populismo y la propaganda, hemos visto a Fernando Clavijo sostener con natural gesto desabrido, en las escalinatas del Ayuntamiento de El Paso, la Copa de campeones que acredita el éxito rotundo y merecido del Club Deportivo Atlético Paso con su ascenso a Segunda Federación. Una leve inyección de autoestima facilitada por sus compañeros de partido que gobiernan en el consistorio pasense, por Sergio Rodríguez, presidente del Cabildo de La Palma, y por Nieves Lady Barreto, consejera de Presidencia, Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias. Ayuntamiento, Cabildo y ejecutivo regional, junto a directivos del club de fútbol, afines, aunque no todos, en una suerte de comunión en la que fútbol y política parecen la misma cosa. Todos a una para dar el apoyo genuino de amigos leales cuando a conciencia sabes que te has equivocado.

La instantánea de tan feliz momento no tiene desperdicio. En el centro de la imagen, el presidente Clavijo trofeo en mano, flanqueado por Eloy Martín (alcalde de El Paso) y Nieves Leidy Barreto, y estos a su vez por Sergio Rodríguez y Omar Hernández (concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de El Paso). En los extremos de esta primera y preponderante fila quedan los directivos Ricardo Jurado y Alexis González. Detrás, siguiendo la línea ascendente que marca la escalinata, más concejales del grupo de gobierno local y algún directivo, y ya en los escalones superiores y en un tercer plano, los protagonistas de la gesta deportiva de un ascenso de categoría: los jugadores. Huelga decir que el bueno de Fernando estaba en El Paso para supervisar las obras del entorno de la Plaza Francisca de Gazmira y el Hotel Escuela Monterrey.

Todos a una para dar el apoyo genuino de amigos leales cuando a conciencia sabes que te has equivocado, Fernando. Me da a mí que no estoy escorándome hacia una interpretación rebuscada y malévola, ya que la figura política del presidente de Canarias ha podido quedar un tanto devaluada; su giro errático, su ausencia zombi intencionada en busca de una renta o beneficio que los analistas y politólogos explorarán para encontrarle un sentido. No es tarea sencilla salir del asombro que provoca ver el perfil institucional de un presidente regional desaparecido en el controvertido asunto del barco cargado de hantavirus. Optó por ondear una extraña y confusa bandera de la canariedad de repente y siete estrellas verdes, colonia, metrópoli, y esos godos invasores que vienen aquí a decirnos lo que tenemos que hacer. Pensaba el señor Clavijo que el crucero de lujo MV Hondius se aproximaba a Tenerife cargado no solo de turistas ricachones de diferentes nacionalidades, sino de ratones portadores del virus que saltarían a las aguas mansas del fondeadero del puerto de Granadilla y nadarían hasta la costa emulando al guapo campeonísimo nadador Johnny Weissmüller. Esto es lo que hay.

Qué bonitos eran aquellos tiempos en los que los políticos dejaban en paz al fútbol, si es que eso ocurrió en algún momento. ¡Oh! Redes sociales, espacio perfecto para que las maquinarias más abyectas y sonrojantes de la propaganda política expandan sus mensajes infantiles y parvularios sobre una sociedad desnuda, indefensa, pasota y responsable, en una cuota más que razonable, de la involución cultural de la que participa.

El Club Deportivo Tenerife, otro campeón, otro líder exitoso en la noche festiva del pasado 1 de mayo. La muchedumbre numerosa y eufórica esperaba a sus héroes en la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife, bajo el balcón principal del Cabildo Insular. Antes de que jugadores y cuerpo técnico se dieran el correspondiente baño de masas en el que se permite perder por fin la compostura, una parada programada e ineludible en el salón noble de la corporación insular. Nuevamente, el fútbol y la política parecen la misma cosa. La instrumentalización del fútbol y del éxito deportivo por parte de Rosa Dávila, presidenta insular, Lope Afonso, vicepresidente insular, y José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz. Felipe Miñambres, presidente del Club Deportivo Tenerife, que no es precisamente tonto, todo lo contrario, pero acaba llegar, y el máximo accionista de la entidad, Rayco García, ejerciendo de agradecidos discípulos de Dávila y compañía; educación y gentileza engolada. Caspa y anticuario. Hablaron ellos, los políticos, hablaron mucho, peroratas sin sustancia repletas de pomposidad triunfalista y afectación ridícula, trasnochadas reivindicaciones insularistas porque somos de aquí. La estupefacción que te invade al ver que, los muy jetas, intentan apropiarse del mérito de la gloria de un ascenso que solo les pertenece a sus protagonistas: los jugadores, el cuerpo técnico, la directiva y la afición. Por favor, alejen vuestras manos contaminadas y oportunistas lejos del fútbol y de cualquier otra manifestación popular, festiva, deportiva y cultural, gracias.

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