Campus Universitario de La Palma, ni del Valle ni de la capital

El Campus Universitario de La Palma vuelve al foco de la discusión política. No por la importancia de abrir las puertas a la educación universitaria en nuestra isla, sino por su ubicación. Todas las decisiones políticas implican abrazar una postura y renunciar a otra. Y, a menos de un año de las elecciones, cada decisión importa.

Parece que el Partido Socialista quiere recuperar la capital y Coalición Canaria va a por todas en el Valle de Aridane. Y así se entrecruzan el empeño del PSOE de situarlo en el Hospital de Dolores y el de CC de traerlo a la parcela que ocupaban las viviendas modulares para familias afectadas por el volcán. El Partido Popular hace tiempo que dejó de formar parte de las decisiones políticas de calado en nuestra isla.

Fue el PSOE quien reanimó el debate sobre el campus universitario, pero las reivindicaciones se remontan a hace algunas décadas. Para algunos resulta incomprensible que el PSOE agitara el avispero con la llegada de CC al Gobierno insular y no pusiera las cartas sobre la mesa cuando gobernaba, pero no deja de ser cierto que, en la legislatura anterior, se concentraron los esfuerzos en la reconstrucción. El panorama político, social y económico es ahora distinto, y los representantes de la ciudadanía palmera tienen claro que están ante una oportunidad inédita.

El cronograma es sencillo: hace décadas que en La Palma se plantea la necesidad de implantar la educación universitaria. Fue en los años 2000 cuando se dieron los primeros pasos, y en 2013 llegó la Escuela de Enfermería a La Palma. Durante estos años, la ULL ha explorado con el Cabildo las posibilidades de ampliar la formación universitaria en la isla. En 2022, se planteó implantar el Grado en Fisioterapia en La Palma. La llegada del palmero Francisco García al rectorado de la ULL en 2023 fue un balón de oxígeno que los mandatarios insulares no han sabido aprovechar.

En lo que se refiere a la historia reciente del campus universitario, las Juventudes Socialistas impulsaron al PSOE a abrazar la propuesta de traer a La Palma un campus universitario. El PSOE lo llevó al Cabildo en forma de moción. Coalición Canaria cerró las puertas a una moción que ya llevaba implícita la determinación de la ubicación del futuro campus. Fue entonces cuando comenzaron las conversaciones del Gobierno del Cabildo con la Universidad de La Laguna. Estas negociaciones resultaron infructuosas.

El PSOE continuó con su batalla mediática por la ubicación del campus. Coalición Canaria cometió su principal error en este proceso al iniciar conversaciones con la Universidad católica y privada de Navarra, abriendo la puerta a la privatización de la educación universitaria en la isla. El rector de la ULL llamó a capítulo al Cabildo en forma de comunicado y, a partir de ese momento, se recondujeron las relaciones entre el Cabildo y la Universidad. Las últimas noticias apuntan a que el Cabildo apuesta por la parcela en la que se encontraban las viviendas modulares de Los Llanos de Aridane. Mientras tanto, las Juventudes Socialistas y el PSOE de Santa Cruz de La Palma siguen convencidos de que es el Hospital de Dolores el que debe albergar la institución.

Por supuesto, a ningún partido se le ha ocurrido la ingeniosa idea de consultar los planes generales de ordenación. Ni el Plan Insular de Ordenación. La planificación importa poco cuando la ciudadanía no se cuestiona la importancia de las decisiones y sucumbe ante las ansias de rédito político de sus representantes.

Si de mí dependiera, el Campus Universitario sería de La Palma. Ni del Valle de Aridane ni de la capital. La mayor parte de las universidades del territorio español se distribuyen en localidades distintas, y eso favorece la dispersión poblacional y mejora el acceso a la vivienda. Pero, si tuviera que circunscribirse a algunos municipios o a uno solo, no plantearía una discusión estéril sobre cuáles, sino una mejora del transporte público y la construcción de un centro de alojamiento universitario público que dé respuesta a la llegada de estudiantes de la periferia insular y de otras islas.

Para mí lo importante no es la ubicación. Quizá porque yo no le debo nada a ninguna estructura partidista y no estoy sometido al escrutinio público. Y porque, como joven, progresista y obrero, apuesto por la educación pública en mi región como herramienta para afianzar la igualdad de oportunidades y el progreso social. Antepongo mis valores a mis intereses.

Y quizá ahí esté la verdadera cuestión. Que el Campus Universitario de La Palma no debería ser una victoria del Valle sobre la capital, ni de la capital sobre el Valle. No debería ser el logro de ningún partido, ni objeto de contienda electoral. Debería ser una victoria de La Palma.

Porque dentro de unos años, cuando los gobiernos hayan cambiado, cuando quienes hoy discuten su ubicación ya no ocupen sus cargos y cuando nadie recuerde quién ganó aquella batalla, seguirá importando una sola cosa: si fuimos capaces de abrir una puerta que durante décadas permaneció cerrada.

La educación universitaria no debería servir para dividirnos territorialmente, sino para ampliar nuestras posibilidades como isla. Para que las personas jóvenes puedan estudiar sin tener que marcharse. Para que quienes se fueron puedan regresar. Para atraer talento, generar conocimiento, diversificar nuestra economía social y construir una sociedad más justa.

El Campus Universitario de La Palma no debería pertenecer al Valle ni a la capital. Debería pertenecer al pueblo palmero.

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