Pienso en el dolor terrible de los familiares de los fallecidos en el accidente de tren en Toledo. Solo pienso en su dolor, en el vuelco definitivo que han dado sus vidas, en los cuerpos de los fallecidos que tendrán que ser reconocidos antes de ser debidamente velados y acompañados hasta el enterramiento o la cremación. En la dureza extrema de la muerte accidental pienso. En la muerte violenta y repentina, en el fin abrupto de la vida pienso.
Debe ser que estoy majara o que cada día me hago consciente de que mi destino será catapultarme en revolucionario; en tanto que voy alejándome, con progresivo convencimiento, de la mayoría absoluta de un tipo de absurdo que ni es divertido ni hace gracia.
Experimento una rotunda y categórica animadversión hacia los que no paran de hablar, de conjeturar, de ir bordeando de puntillas el límite que desean transgredir. Politizar la tragedia para humillar a las víctimas. Nos gusta humillar, vaciar de significado el dolor terrible que deja la muerte de los otros en esos otros que se quedan en el mundo y ahora les lloran. Conocemos cómo hacerlo, cómo olvidar los cuerpos sin vida entre los duros hierros de un vagón siniestrado. No nos gusta hablar de la muerte de los otros. No nos gustan los otros cuando dejan de existir. Nos gustamos demasiado nosotros; reiterarnos en nuestros criterios de indispensable necesidad y hacer públicas nuestras opiniones, siempre, sobre cualquier tema, asunto o materia. Qué más nos da. El valor de la rabia y la pegajosa aparición del viejo conocido desahogo de los abducidos por el arrogante odio con el que dar palos en las redes sociales.
La actualización informativa, la última hora, el testimonio, la narración de lo sucedido en una enumeración detallada de todos los detalles de la redundancia morbosa y la obscena convocatoria de expertos ingenieros que exponen los factores, las causas y las negligencias, y todo esto, para elaborar un buen producto televisivo. Nos vamos a la mierda como sociedad y como condición humana que somos, cada día, más idiota, perdida e inhumana.
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