Vista de Puerto Naos (Los Llanos de Aridane), con la estructura inacabada del hotel de 200 camas promovido en 1964 por “Las Vegas SA”. Imagen extraída del grupo público de Facebook Tenerife antaño (TA).
La memoria del borrador del Instrumento de Planificación Singular Turística (IPST) para la ordenación del litoral de Los Llanos de Aridane, actualmente en exposición pública, reivindica los proyectos planteados en la zona a partir de la década de los 60 que finalmente no llegaron a desarrollarse como “un precedente necesario cuya lógica ha sido finalmente recogida por propuestas como el actual IPST de Puerto Naos”.
El texto, dirigido y coordinado por los arquitectos y urbanistas Ángel M. Caro Cano, Justo Fernández Duque y Joaquín Mañoso Valderrama, hace una encendida defensa del denominado Proyecto “Costa Gris”, que planteaba en la franja costera que se prolonga entre Charco Verde, Puerto Naos y Las Hoyas una serie de “infraestructuras hoteleras, residenciales y recreativas que posicionaran a La Palma como un destino turístico internacional”.
Los redactores consideran que el proyecto “representa uno de los ejercicios más lúcidos de planificación turística avanzada que se hayan concebido en La Palma” y destacan que fue “formulado en un contexto nacional de impulso modernizador promovido por el Ministerio de Información y Turismo bajo el liderazgo de Manuel Fraga”, en plena dictadura franquista.
Unas actuaciones que, para estos arquitectos, contribuirían a “la transformación estructural que requería la isla”, con el objetivo de “salir de su dependencia agrícola” y avanzar hacia lo que consideran “un modelo de desarrollo diversificado y competitivo”.
A pesar de que la propuesta contaba con el respaldo de las autoridades, tanto locales como nacionales, los redactores del documento de ordenación del litoral de Los Llanos de Aridane manifiestan que “encontró una incomprensión generalizada por parte de ciertos sectores locales”, a los que atribuyen “una visión monofuncional del territorio basada exclusivamente en la rentabilidad del monocultivo platanero”.
Este rechazo les hace concluir que se “impidió que se materializara una oportunidad histórica”, ya que defienden que “el verdadero valor de la Isla Baja no estaba en su ocupación agrícola fragmentada”, sino en su conversión en un “polo turístico estructurador”.
De todas las infraestructuras turísticas planificadas, solo comenzó a construirse en 1967 un hotel, promovido por la empresa Las Vegas S.A., que preveía 200 camas y cuyas obras se paralizaron “apenas un año después de iniciarse”. Su estructura fue demolida en los años 80 del siglo pasado.
“El Proyecto “Costa Gris” no fue un despropósito, sino una propuesta lúcida y valiente, que anticipó con décadas de antelación el modelo que La Palma necesita para prosperar”, afirman. A su juicio, “fue un símbolo de progreso ahogado por el miedo al cambio” y abogan por “recuperar esa visión”, corrigiendo “los errores del pasado”.
Además, los redactores piden “abandonar lecturas nostálgicas o agraristas que ya no responden a los desafíos actuales”. Consideran que la isla, “si quiere prosperar”, tiene que “dejar de mirar con nostalgia su historia agraria y abrazar con valentía su destino turístico”.

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