El Colegio de Médicos de Tenerife informa de un incremento en las consultas dermatológicas por quemaduras en la piel después de que miles de fieles fueran tórridamente bañados por el sol justiciero de un 12 de junio, mientras el Papa León XIV anunciaba una nueva verdad divina y celestial en una homilía para la historia. Lo mismo da quemarse. Lo importante es participar. Estar en el epicentro del meollo de la exaltación del ánimo de una sociedad que necesita constantemente espectacularizar cualquier acontecimiento, y que ha conseguido transformar a su santidad Robert Prevost en toda una rock star, al tiempo que los parroquianos vagan entre caer en la tentación de ejercer las tareas propias del exhibicionismo de verbena que sale a cuenta, ahora que ya todos somos instagrammers o creadores de contenido, o regresar a la rémora del martirio; práctica espiritual con la que lavar la culpa que debe sentir todo católico por el simple hecho de estar vivo y buscar el placer y la buena vida.
Atrapados en la deriva reaccionaria están los que nadie esperaba: ateos, agnósticos, descreídos y pasotas. Todos ellos aplaudieron a rabiar, cada uno desde su escaño del Congreso de los Diputados, la perorata del sumo pontífice que, salvo el mensaje humanitario y humanizante sobre los migrantes, prorrumpió en la Cámara Baja con la diatriba de la moral arcaica de la mansión de los terrores, en un ataque frontal en el lugar equivocado, contra el aborto, bajo cualquier circunstancia —lo mismo da haber sido violada— y de la eutanasia —lo mismo da el dolor inaceptable que puede llegar a soportar lo que ninguna existencia humana debería soportar— y que significan una afrenta para cualquier persona que sienta un mínimo respeto por sus semejantes. Aplaudieron todos a Prevost, desde la aborrecible y repugnante extrema derecha hasta los primos hermanos izquierdosos de los que iban a asaltar los cielos y gobernar España. León XIV vino a provocar y a unos cuantos, desde nuestras columnas de opinión, nos gusta la camorra. Lo que une al santo padre, que no lo desuna la gresca política. Todo un fenómeno paranormal.
Los feligreses, creyentes practicantes o los que aparecen solo cuando la vivacidad multitudinaria del espectáculo lo merece, se quedan a vivir en la piel superficial de lo que cuentan los medios de comunicación. Esa narrativa periodística blandengue con sabor a crema pastelera que instala a un simple hombre con el máximo poder eclesiástico mundial junto al altísimo Dios del cielo, que es, metafóricamente, una metáfora imposible, más allá de nuestros corazones cristianos y liberados, por desgracia, de todas aquellas suculentas tentaciones que son el significado y el gustirritín de nuestra presencia milagrosa y casual en el mundo.
Televidentes consumidores e invidentes para el sentido de una propia cosmovisión, nos tragamos la campechanía de los mandatarios, la cara de ángel bondadoso del sacerdote misionero, sin permitirnos la facultad de poner una coma en el sonoro sermón eucarístico que salva nuestras almas de la maldad y la desorientación. Esto es una fiesta, disfrutemos del apogeo de una fe de alta radiación ultravioleta y dejémonos de cuentos, aunque no cese de desangrarse el dolor de tantas víctimas de abusos sexuales y violaciones que siguen sin tener voz, mientras los agresores van muriendo sin pagar su deuda con las víctimas y con la sociedad. Menudas tragaderas que tienen los miembros devotos de la Iglesia católica mundial. Admirable.

Leave a reply
You must be logged in to post a comment.